viernes, 18 de marzo de 2011

intriga

tengo dieciocho años. estudio en la universidad la misma carrera que siguió mi padre. mi padre quiere dejarme los negocios familiares. yo quiero ser escritor. no me atrevo a decírselo porque se sentiría decepcionado de tener un hijo escritor. quiere que sea como él, o mejor que él. necesito distraerme. salgo a una fiesta de fin de ciclo. me presentan a elizabeth. es argentina. es linda. vino a lima a vivir porque su papá trabaja acá. empiezo a salir con ella. me gusta y yo le gusto. nos enamoramos. al menos eso creo. no sé por qué no me atrevo a decirle que quiero ser su enamorado. no sé por qué ella no se atreve a decirme que espera mi declaración. yo sé que elizabeth quiere estar conmigo. elizabeth sabe que quiero estar con ella. quizás no lo hago por cobardía. quizás sea temor. el temor al rechazo y perder a elizabeth. quizás elizabeth no quiere decir nada por el mismo motivo. quizás oculta algo.

seguimos saliendo. seguimos besándonos. seguimos amándonos.

tengo diecinueve años. elizabeth también los tiene. ella tiene un sueño: ser actriz. yo sigo teniendo el mismo sueño: ser escritor. ninguno estudia algo relacionado a su vocación. nos entendemos.

llevamos saliendo un buen tiempo. aún no me atrevo a decirle algo. ella tampoco: solo espera.

almorzamos en mi casa. mi madre sale con mi hermano menor: lo lleva a sus clases de música. elizabeth y yo nos quedamos solos. vamos a mi cuarto. nos echamos en mi cama. hablamos, tan solo hablamos. nos miramos. me atrevo, por fin, a decirle que quiero ser su enamorado. le pregunto, sin titubear, si quiere ser mi enamorada. no dice nada. se deja llevar por un impulso y me besa. me toca. ahora yo siento el mismo impulso: la beso. la toco. nos tocamos en lugares donde no nos atrevimos a hacerlo antes. ella está sobre mí. ahora yo sobre ella. nos amamos. timbra el teléfono: no contesto. vuelve a timbrar: sigo sin contestar. una vez más timbra: elizabeth dice que conteste. puede ser mi madre. puede sospechar. contesto: es mi padre. me pregunta por qué no contesto el teléfono. no sé qué contestarle. no me atrevo a decirle que estoy con elizabeth en mi cuarto. estaba en el baño, respondo. Mi padre solo llama para saber cómo estamos. Todo bien, sin novedades, digo. Cuelgo el teléfono. mi madre llega a mi casa. elizabeth ya no está en mi cuarto: está en la sala. me doy cuenta que mi camisa esta desabotonada. trato de abotonarla antes que mi madre se dé cuenta o sospeche algo. me doy cuenta que mi camisa esta sin los botones que suele tener. regreso a mi cuarto. veo mi cama. recuerdo lo que hice con elizabeth. veo los botones regados sobre la cama: fueron arrancados por el impulso de elizabeth. los escondo. recojo del suelo la chaqueta de elizabeth: fue arrancada por mi impulso. salgo a buscarla.

voy a la sala. veo a elizabeth con cara de preocupación. le pregunto si está bien, si le sucede algo. me dice que todo está bien, normal. no le creo. me dice que tiene que irse. la acompaño. llegamos a su casa. le pregunto nuevamente si se siente bien. no dice nada. me mira y sonríe. me gusta su sonrisa. me dice que me ama. no sé qué decirle. también sonrío. la beso. me despido. me voy con la alegría de saber que alguien me ama.

elizabeth desapareció sin decirme nada.

no he vuelto a ver a elizabeth. no sé nada de ella. la llamo por teléfono y no contesta. voy a su casa y no hay nadie.

tengo veinte años. sigo sin saber nada de elizabeth. estoy a punto de terminar mi carrera. escribo a escondidas mi primer libro. mi padre ya me dio para administrar uno de los negocios. tengo dinero. tengo todo lo que el dinero puede darme. todo menos a elizabeth. no sé por qué se fue sin decirme nada.

sigue pasando el tiempo. tengo veinticinco años. mi primera novela tuvo un menudo éxito inesperado. recibo un mail de elizabeth. me entero que se fue a vivir a argentina, que se casó con un actor de teatro y que tuvieron un hijo. me escribe para disculparse por irse sin avisar. me cuenta que cumplió su sueño: ser actriz. me envía una invitación al bautizo de su hijo. no respondo el mail. preparo mi maleta y tomo el primer vuelo a buenos aires.

llego el mismo día de la ceremonia. voy a la capilla y veo a elizabeth junto a su esposo y su hijo. ella me ve y me saluda a lo lejos. viene corriendo hacia mí. me abraza. me besa. me dice que no puede creer que haya viajado para el bautizo de su hijo. me dice, también, que la disculpe, que no hizo bien en regresarse a argentina sin dejarme alguna explicación, o siquiera despedirse. me dice que si lo hacía hubiese sido más doloroso para ambos. quizás tenga razón. le digo que no se preocupe, que todo está bien, que me siento feliz por ella y por sus sueños que sí cumplió. me presenta a su esposo, el actor. mucho gusto, eres afortunado de tener a elizabeth como esposa, le digo. me responde asintiendo con la cabeza y sonriendo. pienso que elizabeth le contó de nuestra relación. no está contento ni conforme con mi presencia. me da igual.

elizabeth se acerca con su hijo en brazos: míralo, es hermoso, me dice. yo le respondo: tan hermoso como la madre. elizabeth me mira fijamente a los ojos: recuerdo esa mirada: es la misma de aquel día en mi cuarto. sonreímos. sigue gustándome su sonrisa.

se acerca el fotógrafo y me pide una foto con la familia. acepto sin vacilar. elizabeth me entrega al niño, se para a mi costado y llama a su esposo. muestro una sonrisa forzada. la misma que muestro en la solapa de mi libro. tengo en brazos al niño. lo veo y se forma un nudo en mi garganta. lo veo y es como si viera una foto mía de niño.

estoy en el avión de regreso a lima. contemplo la fotografía. me inquieta el presentimiento que tengo: si el niño que tengo en brazos es mi hijo.

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