domingo, 14 de noviembre de 2010

La Boda - I

Cuando me enteré que Mauricio y Jimena se iban a casar, me costó entender cómo ambos, después de todo lo que les tocó pasar, terminaron juntos y, lo que es más extraño, a punto de casarse y, lo que es más extraño aún, con un hijo en camino (aunque esto último puede ser el motivo principal de la boda).


El parte de su boda me llegó hace una semana y en él se puede observar el buen gusto por el diseño del mismo: combinación de colores sobrios y elegantes (algo poco inusual en ambos: solían vestirse de manera estrambótica y llevaban una vida desordenada).


Me cuesta creer que Mauricio (conocido como ‘la Mau’ desde que se supo, por un escándalo en los primeros ciclos de la universidad, que se había encamado con un profesor de ciencias sociales para obtener una nota aprobatoria) se va a casar con Jimena y encima va a tener un hijo sabiendo que ella –y esto lo puede confirmar cualquier persona que la conoce– era conocida por tener un deseo insaciable de acostarse con quien –para ella– le pareciera atractivo (una vez nos contó, en evidente estado de ebriedad, que tenía un doctor que era director de una clínica conocida, que en varias oportunidades se hizo cargo de sus abortos, y todo gracias al dinero, decía). Y me cuesta creer que ambos van a tener un hijo porque si de algo carece el buen Mauricio es, justamente, de toda belleza posible, y Jimena de todas ganas de tener alguna responsabilidad. Sumado a que ambos, al menos el tiempo que logré conocerlos y compartir algunos buenos momentos juntos dentro de un mismo grupo, no se llevaban bien, siempre andaban peleando, más aún cuando Mauricio andaba con los efectos de la droga y veía a Jimena junto a un tipo que él no conociera. Era como un amor bastante raro.


Algo que me pareció extraño (aunque después, pensándolo bien, no tenía por qué extrañarme) fue que por ninguna parte del parte aparecían los nombres los padres de ambos. Supe entonces lo que tiempo atrás me contaron y después de este detalle pude confirmar: el embarazo imprevisto de Jimena hizo que sus padres cambiaran los planes que tenía planificado para ella: terminar la universidad y viajar donde ellos estaban para llevar un posgrado y, luego, dependiendo de ella, se quedaba a vivir en algún lugar de Europa (donde sus padres tenían varios negocios), o regresaba a Lima para vivir y hacer con su vida lo que le plazca. Nada de eso sucedería a partir de ahora. Es más, el departamento, el dinero y todas las comodidades que le daban a su hija, desde entonces, dejaron de dárselo y Jimena tuvo que mantenerse sola (y ahora que lo menciono, ya entiendo el porqué del correo que envió Jimena no hace mucho, donde ofrecía una serie de productos y servicios de no sé qué cosa, algo inusual en ella que se corría de todo trabajo posible). Jimena desde entonces desapareció del mapa y no dejó rastro.


Algo similar le sucedió a Mauricio (aunque esta vez me lo contó él mismo en un reencuentro de ex alumnos de la universidad que hubo hace poco en un conocido hotel de Miraflores y al que Jimena no fue), quien no tuvo reparo de echarle toda la culpa a Jimena del giro inesperado –y para mal– que había dado su acomodada vida luego del embarazo. Y es que sus padres le habían dado al gran y pendenciero de Mauricio una última oportunidad para reformarse de una buena vez por todas. Como hijo único tenía toda la atención de sus padres y todas las comodidades que alguien pudiera tener, pero las malas juntas, desde que inició la universidad, hicieron que cayera en el bajo mundo del alcohol y las drogas a una temprana edad, pasando por varios –casi todos– de los internados en Lima (manteniendo, sobre todo, el anonimato para que no se supiera que el hijo de un conocido empresario tuviera ese tipo de problemas) y algunos otros del extranjero.


El ultimátum para Mauricio por parte de sus padres llegaría en plena fiesta por sus veintitrés años, delante de todos nosotros, sus amigos de años, los que lo conocimos desde que era una cría y no se sabíamos qué raza sería (así lo molestábamos por su evidente fealdad). Fue un momento que sabíamos que en cualquier momento llegaría (porque si Mauricio llegaba drogado a clases, también podía hacerlo a la fiesta de su cumpleaños). Y es que Mauricio no tuvo mejor idea que llegar a su casa –donde todos lo esperábamos para festejar su cumpleaños– en total estado de ebriedad y haciendo unas muecas que evidenciaban los innumerables toques de coca que había aspirado. Su padre no tuvo compasión con él y delante de todos lo abofeteó y le dijo que era la última vez que lo veía en ese estado tan deprimente y vergonzoso, y que pensara bien qué haría con su vida porque él no tenía ningún problema en quitarle todo lo que tenía, inclusive su pomposo apellido.


Fue la última vez que vimos a Mauricio borracho y drogado.

(Continuará)

3 comentarios:

Juaneca dijo...

"lo que es más extraño aún, con un hijo en camino (aunque esto último puede ser el motivo principal de la boda)" JAJAJA.

continúalaa como carajo llegaron a estar juntos en una "relación" si ella era una zorra y el un maldito desadaptado social *_* ! esto es real? x)

Anónimo dijo...

y k sigue... vamos k ta interesanteeeeee

Ginno dijo...

Hey! Regresa!

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