lunes, 21 de junio de 2010

Cuento sin título - III

A pedido de nadie, aquí les traigo el final de este cuento sin título que en verdad sí tiene título, pero me parece lo suficientemente cojudo y malo (tan malo como el cuento en sí) que preferí no publicarlo.


Si las dos primeras partes (parte 1 y parte 2) te parecieron malísimas, ésta última, sin duda, será mucho peor.


Advertidos están: decepciónense.


(...)


La intimidad entre Paola y Jorge brillaba por su ausencia. Él, como nunca, buscaba a Paola para copular y cada vez lo hacía con mayor frecuencia. Un día le dijo a Paola que le tenía una sorpresa. Ella, distraída pensando en las cosas que habló la noche anterior con Gabriel, no le tomó mucha importancia y aceptó sin frenesí. Camino al lugar misterioso Jorge empezó con monólogo de mea culpa, le dijo a Paola que era consciente que no le había prestado mucha atención en los últimos meses, que era producto de carga laboral por sacar adelante no solo la parte financiera del diario donde ambos trabajaban (y Gabriel también), sino del mismo modo los negocios familiares que había caído bajo su tutela sin apoyo alguno. Y es que Jorge, luego de enterarse que su hermano menor tenía problema con las drogas, decidió mandarlo a un internado en el extranjero. Paola solo asentía con la cabeza a lo que Jorge le contaba. De un momento a otro su aburrimiento se esfumó y reconoció el lugar donde estaba por ingresar: era un hotel de unas cuantas estrellas en el que la noche anterior había intimado con Gabriel.


Jorge se esmeró en los preparativos. Paola no los consideró en lo más mínimo. Ella se imaginaba tirando con Gabriel en aquella cama decorada con rosas y pequeñas velas. No quiero hacerlo contigo, Jorge, dijo mientras cogía su cartera y salía de la habitación del hotel. ¿Por qué no?, ¿qué te pasa?, ¿por qué me haces esto?, murmuró mientras la persiguió por el pasadizo, evitando que alguna cara conocida lo viera haciendo semejante papelón.


Fueron pasando los meses y cada vez se hacía más complicado mantener esta clandestina relación a flote. Gabriel le decía a Paola que le dijera de una vez por todas la verdad y terminara con Jorge. Gabriel le dijo que aprovechara, que era el momento preciso y que podía acompañarlo en su próximo viaje. Paola, como la vez que salió con Jorge al lugar sorpresa, solo asintió con la cabeza.


El día que Gabriel viajó, mientras desayunaban en su departamento, después de hacer el amor, Paola dijo: te he escrito una carta, pero léela cuando estés en el avión, ¿ya? Gabriel tenía que viajar a Colombia para entrevistar a una conocida escritora que estaba por presentar, a nivel mundial, su última novela. ¿Por qué tanto misterio?, preguntó. No, nada, solamente quiero que la leas en el avión, es todo.


Gabriel estaba en el aeropuerto intentando comunicarse con Paola. Solo escuchaba al otro lado de la línea: “este es un mensaje de Claro, si desea, deje su mensaje en la casilla de voz”. Estaba apagado. No podía esperar más, así que le dejó un mensaje de voz donde le decía que la amaba mucho y que le tenía una sorpresa para ella cuando regresara de Colombia, que estuviera al tanto de su correo para que sepa el día de su retorno.


¿Con quién hablas, amor?, preguntó Jorge sin dejar de ver la pantalla de la laptop. Con nadie, solo estoy escuchando un mensaje de voz que me acaban de dejar. ¿Mensaje de voz?, ¿de quién?, cuestiona una vez más. Nada importante, ya lo eliminé. Bueno, nos quedamos en la lista de invitados para la boda. Sólo nos queda una semana y nos falta mucho por hacer. Hay que ponernos las pilas para que todo salga bien, dijo con falso entusiasmo Paola recordando y reproduciendo, cual grabadora, el mensaje que Gabriel le acababa de dejar.


“Te dije que esta carta la leyeras cuando estuvieras en el avión. Si lo hice fue porque no podía decirte todas las cosas mirándote a los ojos. No podemos seguir con todo esto. No puedo seguir mintiéndole a Jorge. Ya no sé qué inventar con tal de poder estar contigo. Por un lado me siento bien a tu lado, me has dado todo lo que Jorge no puede darme: felicidad. Pero por otro lado, Jorge ha sido muy bueno conmigo y no quiero seguir haciéndole más daño. No merece esto. Entiéndeme, por favor, lo nuestro no tiene futuro. Por más que hubiéramos querido, esto, a la larga, no iba a funcionar. Lo que mal empieza, mal termina. Te escribo todo esto con el corazón destrozado, porque, después de todo, te sigo queriendo y sé que seguiré sintiendo este sentimiento hacia ti, pero por el bien de todos, es mejor mantenerlo oculto. Cuando regreses, no me busques, será en vano. Mientras estés en Colombia, yo me casaré con Jorge y nos iremos por un tiempo a España. Si todo sale bien, nos quedaremos a vivir allá, lejos de ti (y de su mamá también). Sé que no es momento para bromear, pero tú sabes cómo soy. Te querré siempre, Gabo. Cuídate. Pao.”


Y así fue como todo sucedió, dijo cabizbajo Gabriel tomando su cuarto vaso de cerveza junto a su mejor amigo, Mario Villa. Regresé de Colombia y desde entonces no sé nada de ella. Supongo, según su carta, que a estas alturas ya se casó. Calculo, además, que debe estar haciendo los preparativos para viajar a España con Jorge. Mario lo vio, tomó lo último que quedaba de cerveza en el vaso, cogió la botella y mientras se servía más cerveza dijo: Puta, huevón, qué tal joyita resultó Paola. No solo cagó al cojudo de su novio, sino que a ti también te dejó maltrecho, todo un huevonazo. Pero no te preocupes que acá estoy yo para desahuevarte. Mira, conozco a unas amigas que trabajan en un spa, acá nomás en la Avenida Aviación, son riquísimas y recontra cariñosas, te las voy a presentar, compadre. Vas a ver que te tratarán como un rey. Solo deja que haga una llamada para avisarles que estamos en camino.


Gabriel no prestó mucha atención a la proposición del arrecho de Mario. Su atención estaba enfocada en el correo que acababa de recibir en su BlackBerry. Era Paola: “Gabo, amor, discúlpame por favor, no hagas caso a lo que te escribí, estaba equivocada. A la única persona que quiero y extraño y con la quiero quedarme es contigo. No aguanté más y antes de subir al avión, en la sala de embarque, le conté todo a Jorge. Lo dejé, Gabriel. Me llené de valentía y le conté todo. Salí del aeropuerto tan rápido como pude. Jorge se fue solo a España. Me dijo cosas horribles antes de irse. Ni siquiera sospecha que eres tú a quien amo. Necesito verte, amor. Estoy camino a tu departamento. Te veo allí. Quiero abrazarte. Pao.”


Gabriel no podía creer lo que había leído. Quedó, por un momento, pasmado por lo sucedido. Tenía sentimientos encontrados: felicidad, tristeza, entusiasmo, excitación. Leyó una vez más el correo y no evitó pensar en todo lo que vivió junto a Paola. Se sentía un ganador. Por fin se animó a decírselo, aunque un poco tarde, pero lo hizo la muy cabrona, se dijo a sí mismo. Sonrió, presionó el botón “menú” de su celular y eligió la opción “eliminar”.


Tienes razón, Mario, necesito quitarme todo este estrés, toda esta mierda de encima.


Dime una cosa: ¿cómo se llaman esas chicas que me vas a presentar?


FIN

4 comentarios:

jose dijo...

bien, interesante la historia, un abarzo

Wim dijo...

Pero porqueee no se quedaron juntos..bueno ella era una infiel...pero y entonces Jorge no conocio a otra chicas...no puede ser no hubo final feliz como todas las pelis de Disney abuuuuu jajajaja

Anónimo dijo...

cual es la necesidad de meter tanto floro a las palabras? mucho adjetivo.

ellas no necesitan del marketing o una mayor administracion, ellas solas estan bien.

saludos.

Juaneca Lucía dijo...

Y PORQUE YA NO ESCRIBEEEEEEEEEEEEEEEES? u.u

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