Cuento sin título - II
Nota: Para entender la segunda parte de este cuento sin título, sin sentido y nada recomendable, es aconsejable -mas no necesario- leer la primera parte.
(...)
No solo bebieron café. Más tarde, esa misma noche, camino al departamento de Paola, en el auto de Gabriel, decidieron hacer una parada en El Juanito de Barranco. Ambos sabían que era el momento preciso para ver hasta dónde llegarían, dejaron de lado los problemas y fue en esa noche que ambos se darían cuenta que ambos esperaban, desde hace mucho tiempo, ese tiempo a solas, ese tiempo de privacidad. La noche en que se conocerían y confesarían la atracción que ambos sentían. Con varios vasos de cervezas en su organismo, Gabriel manejó, precavidamente, hasta el departamento de Paola. En el camino pensó en proponerle a pasar la noche juntos, pero por más licor que había bebido __y que le daba el valor suficiente para hacerle semejante proposición__, era consciente que no era el momento __ni el lugar__ indicado para hacerlo. Paola, por su lado, pensó en invitar a Gabriel a su departamento y continuar con la divertida conversa. De pronto, esa proposición le pareció de lo más indecente, de lo más mandada y haría que Gabriel malinterpretara las cosas. Aunque en el fondo, muy en el fondo, ella quería pasar la noche con él.
Gabriel se estacionó frente al departamento de Paola, apagó el auto y se quedó observando la ventana del departamento que ella señaló: ese es mi cuarto. Mientras él cogía, con ambas manos, el timón del auto, ella le preguntó: ¿No te vas a despedir?, Gabriel volteó a mirar y se encontró cara a cara con Paola, quien sosteniendo su nuca, y llevando hacia ella su rostro, estuvieron a punto de besarse cuando, de pronto, sonó el celular de Paola: es Jorge, tengo que irme, y solo llegó a tocar a duras penas los labios de Gabriel, quien ya estaba con los ojos cerrados, la cabeza inclinada y con la boca semi abierta esperando un rico y húmedo ósculo.
A partir de ese momento las salidas clandestinas entre ambos fueron más frecuentes. Gabriel estaba soltero, no tenía novia y ni si quiera estaba saliendo con alguien (solamente con Paola); no tenía a quién darle explicaciones de su vida. Vivía solo y así las cosas, hasta ese momento, le habían funcionado bien. Paola, por otro lado, tenía una relación de poco más de tres años con Jorge. Prácticamente vivían juntos. A Paola no le gustaba la idea de compartir su departamento con alguien que no sea su gato Michifú. Por eso durante la semana iba a la casa de Jorge (quien vivía con su familia) solamente para cenar y ver una que otra película. Luego Jorge la dejaba en su departamento.
Los fines de semana, por el contrario, Paola se veía obligada a quedarse __muy a su pesar__ a dormir en la casa de Jorge. No le gustaba quedarse en esa casa porque nunca se llevó bien con su futura suegra. Se odiaban a muerte. La madre de Jorge era una vieja cucufata muy pegada a la Biblia y a la misa de los domingos; veía con mala cara las intenciones de Paola para con su hijo, decía que era una sangrona, que lo único que quería era el dinero de su Jorgito (que en realidad era el dinero de su difunto esposo que le dejó como herencia luego de fallecer de un ataque al corazón en pleno show privado de una conocida vedette en el Nightclub Emmanuel de San Isidro).
Ni qué decir de los momentos de intimidad entre ambos. Era todo un caso. Aparte de que esos momentos estaban programados quincenalmente para los días sábados a partir de las nueve y media de la noche (hora en la que la madre de Jorge dormía plácidamente luego de rezar el rosario), luego de que terminara el show preferido de Jorge, The Bachelor, Paola tenía que evitar cualquier tipo de gemido (aunque no tenía que hacer mucho esfuerzo debido al paupérrimo rendimiento y performance, que duraba no más de ocho minutos, gracias a la conocida precocidad de Jorge al momento de follar). Y es que la madre de Jorge podría despertar horrorizada por lo que sus inmaculados oídos percibirían desde el cuarto de al lado. Paola le reclamaba a Jorge que para esos momentos de intimidad se tome la molestia de, al menos, llevarla a un hotel, pero Jorge decía que esos lugares no estaban hechos para intimar. Además, le causaba asco y hasta repugnancia copular en una cama donde habían tirado sabe Dios qué cantidad de parejas.
Gabriel no paraba de reír cuando escuchó a Paola contar sobre lo que Jorge pensaba de los hoteles. Hasta ahora no sé cómo puedes estar con él y encima a punto de casarte, dijo Gabriel. Es difícil de explicar, respondió Paola, pero, ¿sabes qué?, no quiero hablar de eso, solo quiero pasar más tiempo contigo, me gustas, Gabriel, contigo las cosas son como me gustan que sean; contigo puedo ser como verdaderamente soy; contigo no tengo que aparentar nada, por eso es que siempre me gustaste, por eso que ahora no quiero separarme de ti, confesó. Y desde ese momento __o quizás antes__ empezarían con la tórrida y prohibida relación.
Todo era como Paola había pensado que sería. La relación con Gabriel era completamente distinta a la que venía llevando con Jorge. Definitivamente la palabra rutina no cabía entre ambos. Ahora no le molestaba pasar varios días en el departamento de Gabriel, ni que él se quedara en su departamento. Cocinaban, hacían el amor sin el temor de que una vieja cucufata oyera no solo los gemidos de ella, sino los de él también. Después de muchísimo tiempo Paola podía gritar y sentirse libre. Tuvo los orgasmos más ricos y placenteros que había sentido en su vida. Había encontrado la felicidad junto a Gabriel. La felicidad que pensó, ilusamente, encontrar con Jorge. Fue allí donde se dio cuenta que por más dinero que tuviera Jorge, ella no sería feliz a su lado.
Todo era felicidad en la medida de lo posible. Salvo las mentiras que Paola tenía que decirle a Jorge para que no sospeche nada. Al principio era fácil, pero con el paso del tiempo las mentiras eran más complicadas y ya no sabía qué decirle. Por momentos, tenía ganas de contarle toda la verdad para que así todo el martirio (tanto para Paola como para Jorge) acabara de una vez por todas. Gabriel apoyaba esa decisión, pero Paola no se veía tan segura de hacerlo, por eso prefería inventarse cualquier excusa con tal de encontrarse con su amante.
(Continuará)











3 comentarios:
yaaaa?? ...q mas sigue???
me estoy enganchando, ME ESTOY ENGANCHANDO!... quebueno que hayas vuelto caserito! xD
QUe interesante ocmo me perdi esta parteee¡¡¡-........veamos que sigueeee
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