viernes, 7 de mayo de 2010

Homenaje a dos cabrones

Puedo decir que mis dos abuelos, aún con vida, son un par de cabrones.


Lo digo porque ellos han hecho lo que han querido a lo largo de su vida y no necesariamente han hecho cosas buenas.


Empezaré hablando por parte de la familia de mi madre. Empezaré hablando por mi abuelo Miguel que es el menos cabrón de los dos. Miguelito era conocido –y es conocido por los que aún viven y aún lo conocen y, sobre todo, aún lo recuerdan– como ‘hilacha’ por el aspecto enjuto que exponía en sus buenos tiempos y muestra ahora. Todos decían que Miguel, mi abuelo cabrón, el menos cabrón de mis dos abuelos, era un pendejo admirable. Sus amigos lo querían y respetaban no por el aspecto que tenía, porque era un flaco del carajo que no emanaba miedo alguno, sino porque era un pinga loca de aquellos. Por eso era conocido, también, como el popular ‘tres piernas’ y era, evidentemente, por el colgajo de grandes magnitudes que portaba entre sus extremidades inferiores. No sabemos –nosotros sus descendientes– si fue por esa arma de gran calibre o por la belleza que dice tenía, porque ahora con su aspecto arrebujado, remangado y lleno de arrugas complica mucho creer en ello, que llegó a conquistar a tantas mujeres, entre ellas mi abuela.


Con mi abuela, su esposa, su única –en teoría– mujer con quien se casó la cosa fue, por aquella época, como era de esperarse, complicada. Si hay algo que me sorprende es esa paciencia de mi abuela para con el cabrón de mi abuelo. Mi abuela criaba a mi tíos y a mi madre y el muy cabrón del tres piernas de mi abuelo se iba a conquistar otras mujeres. No sabemos cuántos tíos tenemos en total, mucho menos sabemos cuántos primos somos. Mi abuelo tampoco sabe cuántos hijos tiene (yo creo que se hace al huevón, la otra vez nos dijo que teníamos familiares en Arequipa, sabe Dios cuántos hijos tuvo allá). Quizá alguno de los hijos de mi abuelo no saben que son hijos de él, de ese viejo cabrón pinga loca que fue, porque no puedo decir que es, porque a sus ochenta y pocos años su miembro viril se ha convertido en un colgajo inerte sin vida.


Pero la esencia de cabrón aún la mantiene y mi abuela da fe de ello. Mi abuela me dice que mi abuelo fue un cabrón toda su vida y ahora, de viejo, se comporta como un ser sumiso. Pero la esencia de cabrón aún la mantiene y no solo mi abuela puede dar fe de ello.


Ahora hablaré del más cabrón de mis abuelos: Pedro, Pedrito para los amigos. No sé por dónde empezar. Pedrito a comparación de ‘hilacha’ también fue un cabrón, pero él fue un cabrón de ligas mayores. A Pedrito le gustaba –le gusta– la buena vida, la vida llena de lujos, mucha comodidad y mucho dinero. A Pedrito lo conocí, si mal no recuerdo, recién a los seis años de edad en una de sus visitas a Perú, porque Pedrito, el cabrón, vivía en otro país; se fue a vivir a ese país cuando pudo hacerlo, luego de hacer sus cabronadas por estos lares. Por eso digo que Pedrito es un cabrón de ligas mayores, un cabrón memorable, un cabrón del carajo.


Desde que lo conocí siempre mantuvo relaciones amorosas con mujeres mucho menores que él y no había que ser muy hábil para darse cuenta que la ventaja de Pedrito para conquistar este tipo de matronas no era su falo (que por esas épocas ya daba los primeros síntomas de necesitar ayuda del santo viagra), que no se asemejaba en lo mínimo al armamento poderoso del otro cabrón: Miguel, sino que era su voluptuosa y generosa billetera que hacía que las mujeres, a la primera cita, máximo a la segunda, bailaran Marinera Norteña con su calzón utilizándolo de pañuelo.

Qué será de tu vida, viejo cabrón, por dónde andarás y con quién.

A quién joderás ahora.


Te mentiría si te digo que te extraño, porque a ti, Pedrito, la gente –tu familia– te recuerda más por las cabronerías que les hiciste que por otra cosa. Todavía recuerdo una de las últimas reuniones que hiciste en tu casa. Reuniste a todos tus hijos, o a la gran mayoría, o a los que todavía te tienen algo de consideración, o algo de cariño inclusive, porque eso de atreverte a tener hijos a esa edad en la que estás para la allá que para acá es una irresponsabilidad del carajo, pero como tú eres un viejo cabrón y pendejo de ligas mayores, te atreviste a hacerlo y te zurraste en todos y ahora tengo dos tíos que no llegan, siquiera, a los diez abriles y, encima, el menor de ellos sacó mucho de la madre y poco –casi nada– de ti, tanto así que pienso que es más hijo del chofer que tuyo; y allí estábamos en tu casa nueva y tú, como siempre, dándotelas de gran pendejo que tiene nueva casa y mostrándonosla mientras decías que tenías pensado abrir tu propio negocio y vivir de ello y dedicarte, solamente, a tus hijos, y cuando mencionaste eso yo solté una risotada cachacienta y, mientras todos, incluyéndote, voltearon a verme, pensé qué carajo estará hablando este viejo cabrón, cuando debió dedicarse a sus hijos no lo hizo, ¿y ahora de viejo va a querer hacerlo? Y solté otra risotada, pero esta vez más solapa.


Puedo decir que mis dos abuelos, aún con vida, son un par de cabrones.


Aunque la probabilidad de que lean este escrito, que sale desde lo más profundo de mi ser, son escasas, debo decir que esta es una manera de homenajear a ese par de viejos cabrones, escribiendo todas estas cabronerías sobre ellos y recalcando que, para mí y para algunas personas más, son un par de viejos cabrones del carajo que los recordarán, cuando ya no estén acá, como tales; y que sepan, también, que ahora pueden estar tranquilos –y orgullosos– al saber que uno de todos sus nietos es un cabrón por atreverse a escribir todas estas cabronerías.


Aunque no es tan cabrón como ellos.

4 comentarios:

Javier dijo...

awww que lindo post, super tierno :)

† David der Nacht † dijo...

Desfógate causa, dilo todo. Manda todo a la mierda si es necesario.

Nomás no sigas los pasos de los cabrones

bailaran Marinera Norteña con su calzón utilizándolo de pañuelo.

Buena!

maga dijo...

Asu... nunca está mal desahogarse de la familia que nos ha tocado, que bien sean cabrones o no, es familia al fin y al cabo. Al menos te dieron un motivo para escribir el post, que dicho sea de paso, me gustó mucho por tantas veces que dices CABRON.
besos.

Anónimo dijo...

muy cierto, mi querido ex - esperma ....

y si algún día meresco q escribas algo de mi persona, sin roche no mas, metéle. Aunque no creo q te de el chance.

Un beso tu viejo

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