Cuento sin título - I
La relación entre Gabriel Portocarrero y Paola Guzmán había llegado a su fin. Fue, mientras duró, una relación turbia, complicada y hasta prohibida, pero a ellos no les importó y, en determinado momento de sus vidas, decidieron que, pese a todo, continuarían juntos. Fue Paola la que se animó a dar por terminado esta relación que le había suministrado una fuerte dosis de felicidad y satisfacción. Y es que, para ella, era muy complicado seguir engañando al que sería su futuro esposo: Jorge Padilla.
Él, al principio, no sospechaba de su amada Paola, pero las constantes salidas sin motivo alguno (o al menos sustentable de una manera poco creíble) hicieron que empezara a pensar en una supuesta infidelidad. Supuesta porque Paola era todo para Jorge y pensaba que jamás se atrevería a realizar semejante bajeza, más aún, según pensaba él, considerando todas las comodidades que éste le ofrecía __y otorgaba__ sin pedir nada a cambio.
Paola vivía como una reina, pero Jorge no la llenaba completamente, faltaba algo. Paola no era feliz, vivía en una mentira, le hacía creer al buen Jorge que todo andaba de las mil maravillas; sin embargo, las cosas no eran así y Paola no sabía hasta cuándo podía seguir con esa mentira que cargaba a sus espaldas desde hacía mucho tiempo. Pesaba más en el qué dirán, sobre todo considerando que Jorge, gracias a los negocios de la familia, había posicionado su nombre en la frívola, hipócrita y huachafa alta sociedad limeña. Hasta que conoció a Gabriel y la vida de ambos (y de Jorge, por qué no) cambiarían por completo.
Paola y Gabriel se conocieron en el trabajo. Ambos trabajaban en el área de redacción de un conocido diario limeño. Hacía mucho tiempo que ambos venían trabajando en la misma área, pero eso no fue motivo para que se conocieran desde un principio. Solamente era una relación de compañeros circunstanciales de trabajo: se saludaban, intercambiaban una que otra palabra a la hora del almuerzo o cuando se encontraban en el hall donde los redactores y fotógrafos se tomaban un merecido descanso en el sillón de cuero que servía como cama para aquellos que, sin poder más, tomaban una siesta, y para aquellos que trabajaban de madrugada (aprovechando la ausencia del jefe), utilizaban el hall como un improvisado cuartucho de hotel. Sin embargo, ambos sentían una atracción muy fuerte. Atracción que debía ser bien disimulada considerando que Paola estaba a punto de casarse con Jorge y toda la empresa sabía de aquel matrimonio. Sobre todo, conociendo la bonanza económica de Jorge, seguramente, la boda sería la mejor del año o del siglo inclusive.
A Gabriel le importaba poco __casi nada__ la relación que Paola tenía con Jorge. Algo dentro de él le hacía pensar que Paola no estaba del todo feliz con el paso importante que daría en su vida. Sumado a los cuchicheos que las chismosas del área no paraban de pulular: “Ay, no sabes, Paola, al principio, cuando recién llegó, no le daba bola a Jorgito. Todo cambió cuando después del cumpleaños de Jorge, en su casa o, mejor dicho, mansión, vieras cómo le cambio la cara a la bandida esa, al poco tiempo cedió y aceptó a Jorge como su enamorado. Qué descarada, la muy interesada”.
Un día les tocó cubrir un reportaje sobre una exposición en la Universidad de Lima de una argentina que había venido a la capital luego de radicar varios años en Inglaterra. Mientras que Gabriel tenía que entrevistarla y redactar el reportaje que saldría el domingo de esa semana en la edición especial del diario, Paola se encargaría de las fotografías de la exposición y de la artista.
Fue un día agotador, el reportaje les tomó más tiempo del esperado. Mientras Paola desarmaba el equipo que había llevado para tomar las fotografías en la exposición, Gabriel le propuso ir a tomar un café a un Starbucks cerca de la universidad. Ya, mostro, me leíste la mente, justo lo que quería, respondió Paola entusiasmada, pero dame una mano con estos equipos para acabar pronto.
(Continuará)











2 comentarios:
Amigo esta interensatisimo...sigue escribiendo que lo haces muy bien....espero la segunda aprte jejjee
me encantó... vamos a ver qué sigue!
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