viernes 26 de febrero de 2010

Extraño

Extraño escribir. Extraño sentir eso que llaman inspiración. Extraño sentarme frente al computador y escribir cualquier sandez que me venga en gana, me gusta escribir cosas de las cuales, con el paso del tiempo, piense que no debí escribir.


Me gusta inventar historias.


Como les decía, extraño muchas cosas. Por ejemplo, extraño a muchas personas. No importa el orden, pero puedo decir, sin temor a equivocarme, y, posiblemente, sin olvidarme de alguien (y si me olvido, sorry) que las personas a las cuales extraño, posiblemente, sean las siguientes:


Extraño a mi buen amigo Juan. De este amigo aprendí mucho más que las funciones de mi primer trabajo. Extraño que me dijera que me enseñaría sus funciones para cuando él ya no esté; para cuando tenga que dar un paso al costado luego de sus treinta y pico o cuarenta y pico años que tenía trabajando allí. Por ese lado quizá le fallé. Extraño sus consejos, algunos de ellos dirigidos de una manera indirecta hacia mi persona. Y es que por algún motivo nunca me dijo directamente si era cierto lo que, por esos días, las urracas pululaban con ahínco: un supuesto romance entre Andrea y yo.


Y ya que menciono a Andrea, la verdad no sé si la extraño; o sea, no sé si la extraño a ella o, simplemente, extraño las noches clandestinas en las que copulábamos en la habitación de un hotel. Y no negaré que sería interesante si se da la oportunidad de repetir aquellas memorables faenas sexuales. La última vez que estuve con ella no nos permitimos terminar con lo iniciado. Lo siento, tengo que irme, el lunes te prometo que continuamos, me dijo mientras se vestía y yo sin entender nada. Obviamente, como era de esperarse tarde o temprano, ese lunes nunca llegó. Posiblemente es eso lo que extraño: el lunes que prometió y nunca cumplió.


Extraño a mis amigos. A los que tuve y por algún motivo ya no lo son. A los que nunca tuve y nunca los tendré. Extraño a Matías y Rodrigo, con quienes fui, forrado del rico dinero que solo las utilidades por trabajar en un banco te pueden dar, luego mucha insistencia (aunque se puede resumir a que, por ese entonces, los tres éramos los únicos sin pareja del área, los solteros empedernidos, los típicos y alucinados del famoso choque y fuga) a un spa de la avenida aviación. Fue gracia a ellos que tiré, por primera y única vez, con un puta. La puta, por cierto, era una conocida modelo que hoy día se está abriendo paso con el garbo que caracteriza a estos personajes por las pasarelas, y es parte de la farándula lorcha de la que algunos están orgullosos. En ese entonces, por supuesto, apenas empezaba en ambos mundillos: el de la pasarela y el de la prostitución.


Extraño a mis amigos bolivianos. Son pocos, pero ahí están. Extraño la humildad que les hace falta a algunos de mis amigos peruanos. Son fieles y leales los boliches. Aunque no solo los extraño a ellos, sino también a las salteñas y a las tucumanas que bastante placer me han dado y, mientras siga viajando, me seguirán dando.


Pero si hay algo que extraño, y que no tiene punto de comparación con lo mencionado anteriormente, es, indudablemente, a mi viejo. No sé si algún día vuelva a vivir con él. Mientras tanto, como van las cosas, creo que es manejable. Él viene a Lima o yo viajo a La Paz. Se queda -o me quedo- tan solo un par de semanas. Ambos tenemos un carácter bastante jodido y cuando él me jode yo lo jodo más, y cuando yo lo jodo él me jode aún más.


Y así somos felices.

5 comentarios:

Josenrique dijo...

-puta, quien puede ser la conocida modelo???
-ser los solteros del trabajo es una cosa que ya no podré repetir :(
-curiosa la relación con tu viejo, si asi se llevan bien...

jose dijo...

querido hijo, te quiero un culo y te extraño mas aun.

Javier dijo...

y quién habrá sido la modelo a la que haces referencia....

Javier dijo...

y quién habrá sido la modelo a la que haces referencia....

Ginno dijo...

putas y salteñas! que mejor combinación!

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