Xenofobia
No recuerdo cómo se llamaba el profesor de aspecto maltrecho y chamuscado que me enseñó el curso de Artes Plásticas; tampoco recuerdo a la profesora menopáusica de Historia Universal -ni su nombre-, pero lo que sí recuerdo, de ambos, es que me hacían la vida imposible el tiempo que estudié parte de la primaria y secundaria en La Paz.
Los alumnos sabían que el profesor de Artes Plásticas era un borracho de primera. Solo hacía falta ver su deplorable apariencia: los mismos pantalones marrones (o como dicen allá: cafés), zapatos negros con pasadores gastados, anteojos bifocales y barba con varios días sin conocer lo que es una rasurada.
Notaba el desprecio que tenía hacia los extranjeros. Y digo extranjeros en general -y no solo a los peruanos- porque me tocó compartir clases con un argentino, y ambos éramos las víctimas, por así decirlo.
El profesor borracho, a comparación de la menopáusica de Historia Universal, nunca intervino a la hora de calificarnos (al gaucho y a mí), hacía comentarios impropios, pero nosotros le devolvíamos el favor con algunas travesuras escolares. No había manera de que el beodo nos desaprobara, nosotros siempre cumplíamos con todo.
El gaucho regresó a su terruño y quedé como el único extranjero en el salón. Terminó el curso de Artes Plásticas y comencé con Historia Universal. La profesora es una de las que más recuerdo; la recuerdo, sobre todo, porque me desaprobó con toda la concha que puede existir. Yo me las olía, porque para estas cosas uno tiene algo así como un sexto sentido; uno percibe esa mala onda de una persona y en esa oportunidad no me equivoqué. Esa vieja de mierda me desaprobó.
Esta vez fui yo quien regresó a su tierra. Al finalizar el año escolar, mi padre fue al colegio a recoger la libreta de notas finales y para su sorpresa había jalado el curso de Historia Universal. Según lo que dijo en esa oportunidad la menopáusica, yo no había presentado ningún trabajo y que todos mis notas eran tan rojas como el pabellón nacional.
Adicional a ello, en mi ausencia, hubo una gresca entre dos boliches dentro del que fue mi salón. La consecuencia de la pelea fue el destrozo de uno de los vidrios de la ventana del salón que daba al el patio principal.
Está demás decir a quién culparon y quién terminó pagando la ventana, ¿no?











5 comentarios:
qué caótico...
soy xenofobo!!!!!!! de los negroides auuuuuu
¿Y porque no te quejaste con la directora? ¿Tu papá no hizo nada?
No hice mi queja porque el director de ese entonces era un anciano que estaba más cerca del más allá que el más acá.
Además, cuando saltó la nota jalada yo ya estaba en Lima.
Mi viejo sí hizo algo: Llamarme (yo ya estaba en Lima) para recriminarme por haber hecho semejante tontera (romper el vidrio) y que le estaban cobrando el mismo. Le dije que no fui yo. Me creyó porque había otro padre de familia (chileno) que se iba a quejar del maltrato que recibía su hijo por parte de la misma profesora de Historia Universal.
Ohhh
Yo también fui "víctima" de la xenofobia en mi primer año y ahora cuarto en la universidad U_u
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